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LIBROS

Rezago del aniversario del festival promovido en mayo, el libro Cine y Derechos Humanos, es una compilación de artículos coordinada por Susana Sel. El libro tiene la virtud de historizar los diez años del Festival Derhumalc, y a la autora se le debe tanto un prólogo compartido con su director, Julio Santucho, como un exhaustivo análisis de la selección de trabajos hecha por el festival a lo largo de una década y un fichaje catalogado de las películas en competencia entre 1997 y 2007.
El libro se estructura con una primera parte que contextualiza la problemática del Terrorismo de Estado, firmado por Daniel Feierstein y Osvaldo Bayer, entre otros. Luego, un capítulo dedicado a las miradas del cine argentino sobre los derechos humanos es tal vez lo más interesante de la publicación, incluso por su disparidad. Vinculados con la experiencia documental se encuentran: La masacre de Trelew. Cine y memoria, de Roberto Pittaluga. Reconocido historiador y fundador del CeDInCI, Pittaluga analiza las vinculaciones entre el cine y la militancia, y se mete con la representación cinematográfica de esos hechos. Lo valioso del artículo es que trasciende la obra de Blaustein, Arruti, Carri y clásicos como la obra de Raymundo Gleyzer, y en su abordaje aporta analisis de obras recientes de circulación restringida, como son los casos de Prohibido dormir, de Paula Bassi y Diego Pauli (2004), JP Rawson. Crónica de una militancia (2007) de Nahuel Machesich o Encontrando a Víctor (2004), de Natalia Bruschtein, cuya producción estuvo a cargo de Virginia Croatto. Circuncripto específicamente al puñado de obras que se refieren a los fusilamientos ocurridos como cosecuencia del intento de fuga de militantes revolucionarios del penal de Trelew, el artículo dialoga con el cine tanto como con Walter Benjamin.
En diálogo con éste artículo y tomando como objeto de estudio no sólo el film Trelew, sino la totalidad de su obra documental, también se incluye Breves apuntes sobre el trabajo de realización documental, interesante abordaje autorreferencial de Mariana Arruti que expone su metodología de construcción, incluyendo la pregunta en torno de quién es el receptor de las películas documentales.
Al documentalista y docente Claudio Remedi pertenece Cine documental y trabajadores: ensayo sobre una experiencia, artículo que intenta elaborar la tensión existente entre éstos dos campos, aunque cae en el reduccionismo de creer que solo son posibles aquellos espacios políticos que sólo un grupo de actores sociales atraviesan (tales los casos del Espacio Mirada Documental, ADOC y DOCA) desconociendo experiencias mas abarcativas. Con un certero relevamiento de las experiencias documentalistas en democracia, destaca las últimas producciones en torno a los trabajadores del subte, los del Hospital Garrahan y los del Astillero Río Santiago, aunque omitiendo la pertenencia directa con organizaciones partidarias cuyo fin último es el de propaganda y agitación, por encima de cualquier valor artístico.
También en la línea de exponer "la cocina" de un proyecto propio aparece, con la firma de Andrés Di Tella, el tratamiento de su documental El país del diablo.
Quizá porque da cuenta de la impresionante cantidad de películas producidas en torno al tema, es imprescindible el artículo El cine de los Organismos. Abuelas, Madres e Hijos: discurso fílmico y vínculo filial, en el que la investigadora Gabriela Bustos problematiza en torno de las producciones sobre el tema que tienen relación directa con los organismos, analiza aquellos films en los que sus realizadores son víctima del Terrorismo de Estado, y compara el abordaje estilísitico y narrativo de documentales que parten de un mismo eje común. Las múltiples producciones mencionadas incluyen los nombres de la generación intermedia de documentalistas (Guarini, Céspedes, Blaustein), videoinformes de HIJOS, obras con destino independiente y documentales dirigidos y producidos, entre otros, por Andrés Habbegger, Albertina Carri, Pablo Ratto, Benjamín Ávila y Maximiliano Dubois.
El libro publicado por el 10º Festival Derhumalc, itinerante hasta nuestros días por los espacios INCAA del todo el país, arroja un puñado de visiones que hacen pensar que el cine documental no sólo se hace. También se teoriza, y en ocasiones hasta logra editarse.


                                                                                                                    Gustavo Alonso

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