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Crónicas desde la isla. ADN en el Festival de La Habana

Culminó la trigésima edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Integrando una numerosa delegación de obras y realizadores y aprovechando un taller de guiones con Gabriel García Márquez, Gustavo Alonso estuvo allí para contarlo.

La noticia me había llegado sobre la hora. No conocía La Habana, de modo que sea lo que fuera que pasara para mi estaría bien. Con mi pasaporte al día me embarqué vía Panamá con la convicción de que Gabriel García Márquez podría no estar en el taller. Su estado de salud lo había privado otros años de estar presente durante la actividad académica.
En los apartamentos del área Altos Estudios de la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños, nos alojamos los diez seleccionados, provenientes d otros tantos países. Todos estábamos dispuestos a aprovechar la participación institucional en la 30º edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.
Esperaba encontrarme con Alejo Hoijman en el Hotel Nacional de Cuba, para confirmar la controversia motivada por la utilización discrecional de pasajes que habría confesado una funcionaria del INCAA y que lo habría dejado de a pie. Su largometraje Unidad 25 era uno de los documentales en competencia pero no pude encontrar a su director para confirmar el rumor. O tal vez su ausencia lo confirmara.

El Festival de La Habana tiene una relación histórica con nuestro país. De allí lo numerosa de la delegación, que se diera cita en la Embajada Argentina en Cuba, en ocasión de que las autoridades del INCAA, bajo la consigna de apoyar al pueblo cubano luego del huracán del que fueron víctimas, hiciera efectiva una importante donación de insumos. La presidenta del INCAA Liliana Mazure (quien ha ganado dos corales a lo largo de su carrera y proyectaba fuera de concurso su documental 1973, Un grito de corazón) dijo una palabras alusivas e invitó a hablar a David Blaustein. Un breve cierre de la embajadora argentina dio paso al encuentro entre cineastas, entre los que se encontraba Lucía Cedrón, Miguel Mato (que proyectaba fuera de concurso su documental Haroldo Conti, Homo Viator), Federico Bardini, Lorena Muñoz, programadores y periodistas.

De paseo por el barrio Miramar, investigando para el guión de lo que será el debut de Virginia Croatto tras las cámaras, un colega uruguayo recomendaba el documental Vengo de un avión que cayó en las montañas, una producción francoespañola dirigida por Gonzalo Arijón, con dirección de fotografía de César Charlone y Pablo Hernán Zubizarreta. Los talleristas de la escuela cubana fuera de agenda habían planteado una actividad especial con Pino Solanas, cuyo film sobre el sistema ferroviario era una de las favoritas del voto del público en la sección competitiva. Los documentales tuvieron múltiples opciones para exhibirse, y entre ellos estuvo Return to Bolivia, de Mariano Raffo en la sección
Panorama.

El Hotel Nacional permitió el encuentro - la foto- con el veterano cineasta Orlando Senna – máxima autoridad audiovisual del ministerio cultural brasileño- y la portorriqueña Tanya Valette, directora académica de la EICTV. En reuniones con participantes de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y autoridades de la EICTV, establecimos un acuerdo de difusión. Para ello la EICTV cedió a ADN cortos y mediometrajes documentales para ser incorporados a sus muestras. Tal los casos de Yo dual, de la cineasta mexicana Alana Simóes, el documental colombiano Pucha vida, de Nazly López, Xochiquetzal, la casa de las flores bellas, de la directora salvadoreña Marcela Zamora y La inercia (Todos los pantógrafos van al cielo), de Armando Capó Ramos de Cuba. Como parte del acuerdo también aportaron los documentales en competencia La chirola, del boliviano Diego Mondaca y The Ilussion, de la cubana Susana Baca, que recibió un premio de la UNEAC junto a Lucrecia Martel y el apoyo de HD Argentina a su próximo proyecto.
Terminado el festival y culminado el taller, con el Gabo y Senel Paz conformes, cada uno de nosotros se volvió a su país, mientras la isla aguardaba a otros turistas que venían por otro evento: los festejos por el cincuentenario de la Revolución que cambió para siempre el mapa del continente.


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