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Festival sin fronteras. Crónica de Pablo Ratto en Medellín.
Por Pablo Ratto

A las pocas horas de mi llegada, cuando todavía no me había aclimatado a los casi 1600 metros de altura, ya me pasaban a buscar rumbo a la Corporación Otra Parte, para la primer mesa redonda de mi visita: “Las rutas del cine independiente latinoamericano”. Compartí la mesa con Ciro Guerra (Director de “Los Viajes del Viento” y recién llegado de participar con ella en Un Certain Regard del Festival de Cannes) y Juan Pablo Tamayo (realizador y productor colombiano). El moderador fue Orlando Mora, reconocido critico de cine. Las formas de producción, ligadas a la independencia autoral, fueron el tema central. El intercambio fue muy rico, y se puso la atención sobre el modelo que se está imponiendo (o, mejor decir, autoimponiendo) dentro del cine latinoamericano, al imitar muchos realizadores jovenes las recetas que aparentemente funcionan para obtener ayudas de los fondos internacionales, especialmente europeos, dando por resultado películas que parecen cortadas todas por la misma tijera. Para mi sorpresa (debido a que su película debe ostentar el récord de fondos internacionales conseguidos), Ciro Guerra expresó una mirada crítica sobre este modelo, lo que pone en evidencia las contradicciones con las que tenemos que lidiar al producir de forma independiente, tanto en temas de producción como ideológicos asociados a mantener una mirada autoral sobre lo que hacemos. El público desbordó la sala en la que debatíamos, teniendo que seguir la charla desde fuera de la misma a través de monitores de plasma. Un interés, para mi, inédito.

Esa noche, luego de la mesa redonda, me tocó presentar  M en la sala del complejo Colombo americano. Hacia mucho que no veía una proyección en 35 mm de mi película, y debo ser sincero, mi intención era quedarme los primeros 15 minutos para ver que la copia estuvieran en buen estado (le había perdido el rastro hace un año y medio). Y se veía tan bien, que empecé a disfrutar de verla nuevamente, y me fui quedando, hasta el final. Así, sin quererlo, compartí con una sala a medio llenar (numero mas que bueno) la proyección. He aquí otro de los detalles sobresalientes de Sin Fronteras: el festival se preocupó de que todas las proyecciones fueran en 35mm. Mi entusiasmo me confirmó que todavía hay mucha diferencia entre ver las proyecciones en 35mm y en video. Y cuando un festival se toma ese trabajo, se agradece.
Al dia siguiente, notas y entrevistas por todos lados. Las charlas con el publico son una de las actividades mas estimulantes de los festivales: siento que de cada charla me llevo algo nuevo, que cada contacto con un publico nuevo me hace crecer un poco. Me esperaba un publico de alta calidad (otra de las cualidades del festival), y entre el publico, la presencia inesperada de Marta Rodríguez, documentalista colombiana con una intensa y extensa trayectoria, presente y activa desde hace 40 años en el registro de la actualidad colombiana. Con Marta se inició una charla en la platea, que continuaría durante los dos días posteriores, cuestionándonos y pensando acerca de la razón del cine documental político, y su forma, y como hacerlo visible, y como contener dentro de su forma a los sujetos de los cuales nos ocupamos. Otra presencia enriquecedora dentro del publico, la de Ana Cristina Monroy, también documentalista, también intensa, y con una mirada poética e inteligente sobre la realidad. Entre lo que atesoré a mi vuelta están sus dos películas, que me regaló esa misma noche: “Éste pueblo necesita un muerto” y “Por si se te olvidó mi letra”. Y aquí está otro de los hechos que hacen de un festival una situación necesaria para nuestro crecimiento como autores, de cada festival uno vuelve con cinco o seis películas que incorpora a su bagaje, y que de otra forma no hubiera conocido.
Me detengo una vez en otro de los puntos fuertes del Festival: la selección. Una selección cuidada y pensada. Solo 30 películas, y todas ellas compartiendo una línea editorial, la que este año fue “No mentirás”. El festival priorizó la calidad de las propuestas y su pertenencia a un corpus en común, antes que un criterio de “novedad”. Así, me encontré con un catálogo fuertemente coherente, donde coexistían sin problemas películas recientes con otras de hace 5 años. Y, todos lo sabemos, cuando una película no tiene otra oportunidad de llegar a un público que a través de un festival, poco importa para ese público si la película es un hallazgo reciente o no. Lo que importa es que puede tomar contacto con ella.
Nuevo dia en Medellín, nuevas entrevistas, y por la tarde la mesa redonda “El cine de la memoria. Tres experiencias de producción en contra del poder y del olvido”. La idea del moderador Carlos Mario Pineda fue clara y motivadora: cada uno de nosotros debía seleccionar un fragmento de aproximadamente 7 minutos de nuestros trabajos, de tal forma que introdujeran nuestro dialogo acerca de la construcción de la memoria. Pierre seleccionó un fragmento de “NI jovenes ni viejos”, su trabajo acerca del grupo extremista frances Acción Directa, que asesinara en el 86 al director general de la Renault de Francia, como respuesta a la cesantía de miles de trabajadores. En el fragmento, varios de ellos discuten en forma casi risueña, alrededor de una mesa festiva y regada de vino, de por que hacían lo que hacían, contra quien estaban peleando. Gonzalo seleccionó un fragmento de “Vengo de un avión que cayó en las montañas”, en el cual apenas ser rescatados, un periodista les pregunta de forma inocente “y de que se alimentaban?” dando paso a la turbación de los sobrevivientes que no estaban preparados para contarlo todavía, y una secuencia muy emotiva en donde uno de ellos relata el acercamiento final, con un helicóptero, a buscar a sus compañeros, y como uno de ellos no subió al helicóptero hasta tanto los rescatadores reconocieran los restos y pertenencias de los que habían muerto, que el minuciosamente había reunido para dar cuenta de su memoria. Y yo seleccioné el fragmento de
M en el cual el director Nicolás Prividera recorre infructuosamente el archivo de la Conadep y el Cels, para encontrar que no hay nada que encontrar, y enfrentarse a la realidad de que debe construir su propia memoria. Mágicamente, los tres fragmentos dialogaban entre si, y a partir de ellos, nuestra charla se hilvanó de una forma muy interesante, pero especialmente, fluyó, como si fuéramos viejos amigos que nos reencontrábamos luego de mucho tiempo. El publico, nuevamente, acompañó, y el intercambio fue también intenso, bordeando por momentos la polémica.
Y al dia siguiente, ya tuve que volverme a Buenos Aires. Con una sensación muy ambigua y contradictoria: alegría por mis nuevos amigos y la experiencia vivida, y tristeza por tener que dejarlos atrás. Será que no puedo escapar a la melancolía porteña, que donde tiene una alegría, ya sufre esperando el momento en que esta se acabará. Y si, es inevitable, algo de Gardel flota también entre los cerros de Medellín.


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