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Huellas de ADN en Sao Paulo- Entrevista a Miguel Colombo
El director Miguel Colombo fue premiado por su proyecto documental Huellas en el " Taller de desarrollo Intensivo de documentales” en la inauguración del II Congreso Iberoamericano de Cultura. El premio "ex aequo"– la adjudicación de un fondo para complementar la financiación de proyectos- fue otorgado por la Secretaría Estatal de Conmemoraciones Culturales del Ministerio de Cultura de España. Los proyectos seleccionados fueron dos, la chilena Teresa Arredondo con "Sybila” y el director de Rastrojero, Utopías de la Argentina potencia.

-¿Cómo fue el proceso de selección?

El taller consistía en 4 reuniones de asesoría con tres cineastas de amplia trayectoria, Jorge Goldenberg -guionista de cine y teatro de Argentina-, José Carlos Avellar -crítico y teórico brasilero- y Javier Corcuera -documentalista peruano. A este taller invitaron a todos los documentalistas que habían hecho el curso de desarrollo de la Fundación Carolina en Madrid y que todavía no habían producido sus películas. Al final de las asesorías había un pitching ante un jurado conformado por los tres asesores, representantes de la Secretaría Estatal de Conmemoraciones Culturales y el director del taller, Gerardo Herrero.

-La selección se realizó entre ocho autores españoles y Latinoamericanos, las temáticas ganadoras convergen en su carácter autobiográfico fusionado con realidad histórica. Sybila narra la historia de la tía de la cineasta que estuvo encarcelada en Perú y Huellas, la historia de vida de tu abuelo ¿Por qué crees que se da esta coincidencia autobiográfica entre los ganadores?

Sobre este tema hablamos especialmente en la asesoría con José Carlos Avellar. Él destacaba las coincidencias entre ambos proyectos con otros documentales actuales autobiográficos como es el caso del argentino Andrés Di Tella o la española Carla Subirana. Creo que esto se debe a un cambio que se va operando en el cine documental, o mejor dicho a una nueva tendencia que aparece dentro del cine documental como producto de una época donde la mirada se vuelca más hacia el universo propio en una búsqueda autorreflexiva, hay como un ir a las raíces o las fuentes para poder encontrarse y reconocerse como individuo y luego como actor social. Antes había una tendencia a ser más expositivo, como en el documental político o militante, o se buscaba lo extraño y lo novedoso en otra cultura, en otro contexto; como era con el cine etnográfico. Últimamente aparece la tendencia hacia una búsqueda de lo extraño en uno mismo, su propio universo y su propia cultura. Y en este marco irrumpe la presencia del realizador en cámara, asumiéndose como parte del universo que va a explorar e interactuando con él.

-¿Cómo se fue estructurando la construcción del personaje de tu abuelo, a través del discurso familiar?

A mí me llega un discurso muy parcial durante mi infancia, ya que mi mamá se alejó de su familia y luego nací yo, y lo que me trasmitió fue que su papá era guerrillero partisano, que luchó contra la invasión nazi, que hacía acrobacias a caballo y que terminó viviendo en un desierto de alta montaña en Catamarca, explorando minas indígenas. Pero yo a mi abuelo no lo conocí, entonces entre este discurso y mi imaginación de niño construí fácilmente un héroe. Luego, siendo adulto, me interesó investigar su vida, rever la historia de ese héroe infantil, intentar conocerlo, darle una dimensión humana, acercarlo a mí de alguna manera.

-¿Y cómo comienza el proceso de investigación del proyecto?

A los 20 y pico de años decidí investigar la historia de mi abuelo y conocer al resto de mi familia, y ya estaba la idea de que esa investigación se convirtiera en una película, pero cuando llegué a Santiago del Estero me encontré con relatos que contradecían la visión más idealizada que tenía de mi abuelo, al punto que casi pensé en abandonar la investigación, pero decidí continuar y así descubrí que mi abuelo era un personaje con un montón de facetas. Entonces me propuse seguir recogiendo sus huellas, ir viendo que dejó, sus elementos, sus documentos, sus floretes de esgrima, la geografía donde había vivido, y lo que empecé a descubrir es que el discurso de la gente era tan diverso que comenzó a darme la impresión de que él se mimetizaba con cada uno de sus interlocutores, era de la Resistencia Partisana para algunos, era nazi para otros, era noble de antiguo abolengo para algún otro, ingeniero agrónomo, siempre un Don Juan. Para cada interlocutor tenía un perfil que generaba empatía, tal vez una especie de enfermedad camaleónica como la de Zelig, de Woody Allen. A raíz de esta investigación nace el proyecto de una película que trata sobre las contradicciones y las ambigüedades, una búsqueda poética de eso.

-¿Y cómo se organiza el discurso de una película con tantas facetas por mostrar?

Tiene una estructura de Road Movie. Hay un viaje principal que ocurre desde Santiago del Estero hasta el Ingenio del Arenal en Catamarca, a los pies del nevado del Aconquija. En este recorrido, seré el viajero que motoriza la historia, tendré que lograr el objetivo de conocer a mi abuelo, o no…y tendré que asumir las ambigüedades y contradicciones de este hombre. Mi abuelo tuvo 6 hijos en total, dos mujeres en Italia- mi mamá nació en un bombardeo en 1945- y cuatro en Argentina, con su segunda mujer. Los dos hijos varones -mis tíos- son mis guías infaltables del viaje, ellos se criaron en el desierto y a su lado tuve acceso a espacios, códigos y conversaciones a los que jamás hubiera podido llegar solo.

¿Y a nivel personal que te sucede con esta búsqueda de saber quien fue Ludovico?

Yo siento que lo conozco, después de haber investigado tanto de su ambigüedad y sus contradicciones. No creo que no se lo pueda conocer, pero sé que no se lo puede etiquetar. Entonces lo que uno debe asumir es que él era una persona que tenía todas estas facetas, y de esto puede hacerse un paralelo con tantas otras cosas de la vida, en realidad todos somos un poco así, tal vez no llegamos a los extremos de Ludovico, pero sí tenemos algo de eso. La realidad misma es así.

En este viaje hay también un personaje muy importante y es el desierto. El desierto es como la eterna metáfora de la reinvención, desde Cristo que meditaba en el desierto hasta la gran cantidad de historias mitológicas en las que hay alguien que se va al desierto y vuelve purificado, reinventado o cambia la visión del mundo, o se ilumina o se pierde. En este camino a través del desierto camino al Ingenio del Arenal, hay un cierto paralelo con el viaje mitológico, ese donde en el recorrido se aprende algo más sobre sí mismo o el mundo que lo rodea. Partes del viaje trascurren también a modo de flash back en Alemania y en Italia donde también transcurrieron partes importantes de la vida de mi abuelo. Pero de todas las geografías que atraviesa la película el desierto es la principal, la única que puede aspirar a convertirse en un personaje en sí mismo. Y también es el lugar donde mi abuelo decidió vivir, ¿por qué lo hizo? ¿Para reecontrarse, para desafiarse, para conocerse, para alejarse del mundo?

                                                                                               

                                                                                  Entrevista de Laura Salas Pich

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