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12/04/2008
Los documentalistas de ADN en el Festival de Buenos Aires
Hace una década Andrés Di Tella inauguró el festival que había soñado. La edición que actualmente agota localidades tiene a Sergio Wolf como director artístico. No es una casualidad que ambos, entre otras cosas, sean documentalistas. En sus diez años de vida el Festival Internacional de Cine Independiente ha reconocido con premios y menciones a documentales como Los rubios, de Albertina Carri, La quimera de los héroes, de Daniel Rosenfeld y Yo no se que me han hecho tus ojos, de Lorena Muñoz y Sergio Wolf, entre tantos otros. Desde su creación, rápidamente renovado por la incorporación del crítico Quintín como director artístico, el BAFICI propuso el espacio del documental en un pie de igualdad con la ficción. Un poco por ello y otro tanto por la falta de ámbitos propicios para su circulación, algunas películas documentales de los integrantes de ADN han tenido en BAFICI la posibilidad de pensarse a sí mismas. Por la difusión, por la búsqueda de fondos y de coproducción, por el contexto cinéfilo o por simple placer, antes de la propia existencia del Núcleo de Documentalistas de Argentina, las obras de los integrantes de ADN compartieron ese micromundo que representa el BAFICI. En el año 2004, el Festival de Cine Independiente presentaba El tiempo y la sangre en la sección Lo nuevo de lo nuevo, ópera prima de Alejandra Almirón. En esa misma edición Nicolás Batlle obtenía el Premio al desarrollo Arte France en el Buenos Aires Lab y Víctor Cruz junto a Hernán Andrade se presentaban en el Work in progress con Biutiful Cantri. Durante la quinta edición del BAFICI, Andrés Habegger exhibió su segunda película Cuando los santos vienen marchando, que luego de recorrer una docena de festivales se estrenaría comercialmente ese mismo año. En los primeros meses del 2005, un cambio de gestión coloca al programador, crítico y coleccionista Fernando Martín Peña al frente del VII BAFICI. En alguna de las múltiples secciones participaron miembros de ADN. Se exhibieron dos documentales en la sección Personas y personajes: Víctor Cruz presentó Jevel Katz y sus paisanos y Gustavo Alonso hizo lo propio con La vereda de la sombra, de cuyo equipo participó también Virginia Croatto. También se presentaron por primera vez Caseros, en la cárcel, con producción de Felicitas Raffo, El último confín, dirigida por Pablo Ratto y Dinero hecho en casa, de Alejo Hoijman. Y una retrospectiva del director Carlos Echeverría permitió ver su film Pacto de silencio, en cuyo equipo intervino Victoria Reale en la producción e investigación. En el año 2006, en el marco de la 8º edición del festival porteño se exhibió El rastrojero: utopías de la Argentina en potencia, de Marcos Pastor y Miguel Colombo, que con música original de Miguel Magud, obtuvo la Mención FEISAL. Otra mención obtuvo Los próximos pasados, documental de Lorena Muñoz que con producción ejecutiva de Maximiliano Dubois y participación de Gema Juárez Allen, también obtuvo el premio FIPRESCI. Un proyecto con producción ejecutiva de Felicitas Raffo fue seleccionado para el seminario-taller de la sección Produire au Sud de ese mismo año. La edición 2007 del BAFICI había contado con la presentación de Una vida iluminada, abordaje de Andrés Habegger sobre un pintor ciego, que encontrara en el festival un lugar posible para su exhibición. En esa edición se pudo ver un recordado pitching de Alejo Hoijman, que presentaba el desarrollo de su proyecto Unidad 25 en versión Work in progress, en el marco del Buenos Aires Lab. Con el resonante premio conseguido como mejor película latinoamericana en el Festival de Mar del Plata del mismo año, también se presentó en el 2007 el largometraje M, de Nicolás Prividera, producida por Pablo Ratto. El BAFICI festejó diez años. Una década de cine en todas sus formas y géneros hacen del Festival de Cine Independiente un espacio de síntesis de gran parte de la producción argentina. Como muestra de lo cíclico de su estructura, Gema Juárez Allen estuvo presente como productora en la sección Produire au Sud mientras el premio de “Mejor película” fue para Unidad 25 (foto), de Alejo Hoijman, una co-producción argentino-español-francesa sobre un pabellón carcelario únicamente habitado por creyentes evangélicos, en la cárcel de Olmos. El jurado expresó que la eligió “por su buen desarrollo de una narrativa clásica sobre la condición social”. Una buena síntesis.
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