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Valparaíso Miamor. Crónica de Andrés Habegger en el festival chileno
Por Andrés Habegger
En pleno Cerro Alegre, en el corazón mismo de la antigua Valparaíso, hay un bello restauran repleto de afiches de cine. Aquel lugar se llama Valparaíso Miamor y su dueño, Néstor, es un amante del cine, un histórico cine clubista y ex preso político durante la dictadura de Pinochet. Allí, hace varios años, se juntaron un interesante grupo de personas, todos apasionados por el cine, un cine atravesado por la política y los derechos humanos. Ellos conformaron una asociación llamada “Cineforum” y a partir de allí crearon un Festival de Cine.
Este año, apenas comenzado enero y en un Valparaíso bañado de turistas que deambulaban por sus estrechas y coloridas calles, acaba de concluir la cuarta edición del Festival de Cine Social y Derechos Humanos. Allí estuve invitado por sus organizadores para presentar Imagen Final y (h) historias cotidianas.
El encuentro concentró una muestra de más de 90 películas enfocadas hacia la protección de los Derechos Humanos. Allí se exhibieron películas cuyas temáticas fueron: cine social, político, de memoria histórica, etnográfico, indigenista, medioambiental, de tendencias sexuales diversas, entre otras.
La particularidad de este Festival es que esta alejado de la lógica de los mercados industriales de cine, allí no hay distribuidores buscando películas, no hay directores buscando fondos. Hay mucho cine, muchos documentales y abunda la discusión política y el debate. Hay muy buen clima entre sus organizadores y nunca falta un Pisco Sauer. Si a esto se le suma el contexto de un Valparaíso pintoresco, original y caluroso, con eclécticas y armoniosas vistas hacia la bahía y su puerto, la combinación es inmejorable.
Según sus organizadores “este festival ha sido creado para difundir la creación audiovisual centrada en la reflexión sobre los Derechos Humanos que a través de recursos estéticos, estilísticos, formales, genéricos y de formato, plasme y transmita un mensaje que alerte o de luz acerca del pasado, presente y futuro de la humanidad. De este modo, se busca elevar el papel del cine como fenómeno cultural al de una manifestación rica y profunda que muestra y cuestiona las creaciones humanas cuando se utilizan contra y en detrimento de la libertad y la justicia de los seres humanos.”
El Festival se desarrolló durante una semana entres salas cinematográficas muy bien ubicadas. Mucha gente iba y venia, unos sugerían películas que debían ser vistas y otros discutían los puntos de vistas de los films. Al termino de cada proyección los organizadores organizaban un foro de discusión sobre cada una de las películas, allí los presentes votaban a mano alzada entre tres opciones: “esta película debería ser premiada”, “esta película podría ser premiada” y “esta película no debería ser premiada”, lo resultante de estas votaciones eran datos que le eran entregados a los jurados antes de iniciar su propio debate. Interesante y discutible forma para que la opinión del público este presente y tenga su peso específico (o no).
Además de mis documentales, que estaban en condición de películas invitadas, se proyectaron en competencia varias películas de miembros de ADN, a saber: 4 de Julio. La masacre de San Patricio, Mundo Alas y M, las que fueron muy bien recibidas. Justamente M, de Nicolás Prividera, producido por Pablo Ratto, se llevo además, el premio al mejor film en la franja Memoria y Dictadura.
Estar en Valparaíso fue una muy bella experiencia. Valparaíso seguirá siendo una ciudad bohemia y original. Valparaíso seguirá llenándose de cine con este Festival. A pesar de Piñera y todo ese pensamiento ultra conservador de una parte de los chilenos.
El cine es una mirada sobre el mundo, es una expresión poética de lo imposible y a veces el cine es también un refugio.
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